Monday, 3 January 2011

The Siamese (another random extract)

The rain had turned into a thin cold drizzle that rushed quietly into the ground and disappeared in between the cracks of the cobblestone street. Not that he liked the rain, but he felt comfortable with the idea of it, it was a coherent aspect of Amsterdam: The streetlights softly reflecting on the wet sidewalks, merging with the floating reflections on the canals. He was walking north on the Prinsengracht, towards the western church; the lights of its clock-tower were barely visible across the fog, so he took a mobile phone out of his pocket to check the time. He had been walking for less than 5 minutes, but the cold temperature made it seem much longer. That was always the case with cold weather; an absence that intensifies presences: everything seemed much more painfully present and real when it was cold, even himself. 

Wednesday, 17 February 2010

The Siamese (censored extract)

Four seconds before its roar, a flash of light hit the walls of the quiet room. All things in place, all things silent stood indifferent to their sudden exposure. A guy in his early twenties was sitting on the floor against the wall opposite to the window; he was panting slowly. The boy was naked. During the moment the lightning filled the room his sweaty skin shimmered with a greenish, almost neon-like glaze. While in the floor the boy reached for a cigarette, laid down on his back, light it, sucked from it and devoured its heavy smoke. In between the thunders, the crackling sound of the burning cigarette seemed to fill the room. The boy stood up to close the window; heavy rain had started to crash against the half-opened glass. He closed his eyes to apprehend the drifting scent in the room; he liked the smell: smoke, body-odor, saliva and rain. They should bottle this - he thought.

Image "Lightning" by Alesana-x-Fan

Friday, 27 February 2009

Decisiones II

En una fosforera moderna que hace las veces de mi habitación comienzo a entender las consecuencias reales de mis decisiones. Me decreté un cambio y ahora quiero decretarme éxito –o lo que sea que el éxito signifique en tanto me haga feliz.
A diez grados bajo cero se me congelan las ideas y siento que la nostalgia dejó de anteponerse a la expectativa. Casi cinco años se me vuelven intangibles, como las nubecitas de vapor que respiro mientras camino hacia mis decisiones.

New York, 17 de enero de 2009


Image "Snow Over Manhattan" ©2005-2009 ~Sargentchimp

Thursday, 12 February 2009

La última banca

Mi respiración penetraba el grueso tejido de la bufanda que me cubría el rostro. La primera moleskine temblaba sobre mis manos. Caminé por el canal de los nobles hasta su intersección con el Beulingsluis, me arrimé a la baranda y me detuve a escuchar el llanto frío de los patos navegándolo. Aquella noche no soplaba el viento y los reflejos de la oscuridad flotaban sobre el agua movidos tan sólo por el nadar de los patos. A diferencia de los grandes canales, el Beulingsluis no estaba aprisionado entre veredas y murallas; las casas emergían directamente del agua, algunas incluso con sus ventanas casi al borde de la superficie. Esto me es ajeno. Pensé.

Volteé la mirada hacia el Herengracht y con cierta manera entre tímida y respetuosa me dirigí hasta su borde y me senté. Observé la libreta vacía que sostenía entre mis manos y sentí ansiedad, quería llenarla de ideas, de emociones, de momentos. Pero en ese entonces todas mis ideas, emociones y momentos pertenecían aún a otra vida que acababa de intercambiar por ésta de noches frías, de suelos adoquinados y de canales espesos.

Cuatro años después camino de regreso a casa. Anochece cada vez un poco más tarde y las luces nocturnas contrastan ya con el denso azul oscuro del cielo. Oigo el taconeo vacío de mis pasos sobre los adoquines húmedos mientras voy andando con el apuro y la indiferencia de quien se sabe dueño del camino que pisa. Junto a mí hay un parque. Los rastros de la nieve sobreviven sobre el césped seco y los patos caminan en silencio sobre el hielo de un canal a medio descongelar. Poco a poco el momento comienza a reclamarme. La consciencia de mi destino es sustituida por la consciencia de donde estoy y una banca vacía frente al rústico canal me recuerda: éste es mi último invierno.

Me siento sobre la banca sin limpiar la nieve y observo el momento en absoluto silencio, tratando de ser un poco más espectador. Pienso en canales, pienso en adoquines, en bicicletas y tulipanes. Esto también soy yo. Me digo.

Saco de mi maletín la última moleskine. La observo cargada mientras la sostengo entre mis manos avezadas al frío. Hacia el final unas páginas en blanco; vuelvo a sentir ansiedad y le escribo un final feliz.

Tuesday, 13 January 2009

Avatares

Mi soledad me resulta aún más evidente viajando de mundo en mundo, tratando de encontrarle un sentido a la infinidad, a las posibilidades. Pero está vacío, hueco. Floto sobre un universo abandonado sintiéndome un espectador inobservado. Soy un poco dios, dejando mi imagen y semejanza en un mundo al que no tengo acceso directo sino por medio de mis creaciones. Y es que aquí todos jugamos a ser dioses, a ser creadores.

Esta vez pienso en el mar, y voy a él. El sonido del agua me recuerda lo que conozco, la playa parece estar desierta y me siento en la orilla de un mar que no moja y que no toca nada. Quien haya creado esto lo hizo bien: unas cuantas nubes, las gaviotas distantes, un sol que no quema y el rumor de un mar y el sonido de un viento que no huele ni sabe a sal. ¿Qué estoy buscando aquí? El universo está vacío.

Nací hoy, y en esta vida me he puesto por nombre Lykos. He cuidado el detalle: los ojos profundos, la piel bronceada, el cabello negro y ondulado un tanto crecido por los costados, la nariz de rasgos gruesos y los labios finos y marcados. Es interesante cómo la pregunta nos persigue: ¿a qué he venido yo a este mundo? Me he dado una imagen, pero no me he dado un propósito. Se me antoja ser un dios que crea un mundo propio para escapar del que le fue impuesto, pero se es menos dios entre avatares de otros iguales.

Hola Lykos. Escribe. No me había percatado de la presencia de nadie más, pero noto que el mapa indica que de hecho solo somos dos. ¿Estás disponible? Continúa. Su avatar, Nadia, tiene forma femenina, piel negra, cabello largo y azul, vestida con unos jeans, unas botas blancas y una camiseta también blanca. Hola Nadia. Respondo. ¿Qué haces aquí? Me pregunta. Me detengo a pensar otra vez inútilmente en mi propósito. Podría preguntar lo mismo de ti. Y es que en realidad no tenía una respuesta a su pregunta. ¿Puedes hablar? Activo mi voz y respondo sí, hola. ¡Ah! Mucho mejor. Su voz de mujer joven le da sentido y profundidad a su avatar. ¿Qué haces aquí? Vuelve a preguntar. Simplemente buscaba una playa y llegué a ésta, extraño el mar. Lo digo y pienso que es cierto. Sí, me pasa lo mismo. Con frecuencia busco lugares para estar sola. Es la primera vez que vengo a esta isla. Me gusta, la hicieron bien. Me detengo a observar el paisaje, y un leve suspiro intensificado por el micrófono se me escapa. Sí, lástima que no podamos oler ni sentir el mar. Nadia no dice nada por unos segundos, pero siento que me sonríe. ¿Pasas mucho tiempo aquí? Me pregunta. No, llevo tan solo un par de horas… nací hoy. Nadia ríe un poco y me dice ¡pues bienvenido al mundo! Disfrútalo, explóralo y vive sus posibilidades, solo no dejes de lado tu vida real, aquella en la que el mar tiene olor y se siente frío cuando te moja los pies.

Sus palabras tuvieron un irremediable tono a sentencia más que a advertencia. Me envía una nota, la que acepto y nos enlazamos como amigos. Luego su voz reaparece en mis audífonos, bueno Lykos, por ahora te dejo. Ahí me tienes incluida por si me quieres contactar alguna vez. Pienso otra vez que me habla de forma condescendiente. Gracias. Antes de que te vayas, ¿qué me recomiendas que haga? ¿A dónde voy ahora? Hay una pausa corta. Pues, no se. ¿Qué has hecho hasta ahora? Me pregunta. No mucho. Pasé mucho tiempo modificando mi apariencia y luego visité algunos sitios al azar. Mientras respondí, Nadia había resuelto flotar. Mientras lo hacía, el cabello de su avatar parecía bailar y moverse con vida propia, simulando las ondulaciones del viento y cambiando de color. Espero que no te moleste que haga esto ahora, pero estoy tarde y seguro llega en cualquier momento a quien espero. Mira, respondiendo a tu pregunta, te paso unas instrucciones con consejos básicos para comenzar. Si luego tienes más preguntas me escribes y conversamos. Mientras hablaba su ropa desapareció, y su cuerpo estaba completamente desnudo flotando frente a mí por unos segundos. No era como el cuerpo de otros avatares, sus pechos morenos estaban perfectamente formados y dejaban ver sus pezones marrones, la textura de su piel parecía tener el brillo natural, suavidad y elasticidad de una mujer real. Ahora un largo y luminoso vestido blanco recubre su piel mientras su cabello toma un tono avellana. Me pasa otra vez una nota, la que guardé entre mis cosas. Gracias. Dudé por un momento en seguir preguntando nada más. ¿Qué vas a hacer ahora? Si puedo preguntar. Nadia ríe otra vez un poco y me dice, tengo una cita. Quedamos en encontrarnos en mi casa, pero si ve que estoy aquí vendrá acá. ¿Una cita? Pensé. Y claro, la vida por medio de nuestros avatares sería menos real si no le diéramos oportunidad y posibilidad al cortejo. Bueno pues, te dejo ir entonces, preferible no llegar tarde a una cita. Nadia vuelve a reír con un tono de superficialidad y compromiso. Bueno pues Lykos, me dio mucho gusto conocerte. Estamos hablando pronto para que me cuentes qué resolviste hacer. Me dice. Seguro, y tú para que me cuentes qué tal te fue en tu cita. Adiós. La figura de Nadia se deshizo en el aire. Volví al mapa y noté que de nuevo me encontraba solo frente a una mar que cada vez perdía más naturalidad.

De cuando el invierno congeló mi canal













El invierno congeló mi canal.

Un cisne camina sobre el hielo y me sumerjo en el momento que se va de mí.

Los momentos se congelan con palabras.

El invierno congeló mi canal y me pregunto si acaso puede también congelar el tiempo.


Image "Frozen Canal" ©2008-2009 ~samdiablo

Más Besos

Pues ese labio es más pequeño que el de abajo
porque el de abajo guarda más besos míos.
Y que no se resienta, que también lo he besado,
pero claro, mi corazón late en el de abajo
que también guarda mordiscos
y el sabor de alguno que otro lugar de mi cuerpo.
Y el de arriba, pues que no diga que no ha hecho lo mismo
si hasta una vez lo besé tanto que se confundía con el otro,
con el de abajo, que igual es más grande, pues guarda más besos.
Y no es que lo quiera más, qué clase de amante sería
si quisiera un labio de tu boca por encima del otro.
Pero si no digo que he besado más al de abajo mentiría
y a mí mentir no me va, como no le va a tus labios no besarme.
Así que dile a tu labio de arriba que deje de armar tanto lío,
que no es que no lo quiera, amo tus dos labios,
es sólo que el de abajo guarda más besos míos.

Madrid, 24 de Septiembre de 2004

Image "Kiss by a rose" ©2005-2009 ~IvyArt